miércoles, 19 de diciembre de 2007

Crueldad sin límites.

Ayer al mediodía cuando estaba sentada debajo de unos árboles en mi hora de almuerzo, con algunos de mis compañeros de trabajo, escuchaba un incesante llanto de uno a varios perros, la verdad es que no lo podía soportar pensé, que tal vez algún auto de los que entrar a la UNLu sin contemplantar que deben respetar un límite muy bajo de velocidad porque es una Universidad, había atropellado a algún pero de los que son habitues por acá.
Asi que mi curiosidad no tardó mucho en ir a ver. Y estaban por ahi en un caja del tamaño de un monitor ocho cachorritos, divinos, allí es donde mi instinto me iba a llevar a agarrarlos a tocarlos, pero no puedo no tardaría ni dos minutos en encariñarme con alguno de ellos y me lo querría llevar.
No puedo no sólo porque ya tengo dos. Sino porque esos dos que tengo seguramente se los comerían o lo usarían de juguete.
Asi que el único motivo por el que escribo esto es para que lo sepan, y si alguien quiere hacer feliz a un niño en Navidad, ¿qué podría darle más felicidad a un niño que una mascota?
Están aca en la UNLu, sólo pregunten a los porteros y ellos seguro les van a decir por donde anda estas dulces mascotitas.

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